El lado vacío de la cama
«La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo»
Te fuiste de mi vida, y cuando te fuiste te llevaste una parte muy importante de mi, la parte que me enseñaba a sobrevivir cuando ya no estuvieras.
Quedé suspendida en el aire, era como si mis piernas no tuviesen la fuerza suficiente para correr tras de ti, sujetarte en mis brazos y nunca más soltarte. Podía sentir cómo mi corazón se rompía en miles de piezas que jamás podrán curarse y volver a unirse. Me faltaba la respiración, un fuego intenso me quemaba la garganta, quería gritar tu nombre pero lo único que salía de mi era llanto.
Los meses pasan y aún no puedo dormir por las noches, escucho tu voz en cada rincón de la habitación que compartíamos.
Cuando logro conciliar el sueño, te veo, me sujetas por la cintura para acercarme más a ti, apoyas tu frente en la mía mientras cierro los ojos y me besas delicadamente en los labios. Siento tu presencia, eres real, tu cuerpo me transmite calor. Te atraigo hacia mi más fuerte logrando que nuestros besos se vuelvan más apasionados. Me acaricias, me besas unas de mis clavículas y luego el cuello. Siento la humedad de tus labios y me susurras al oído que me amas. Cuando abro los ojos para responderte, no estás.
Al despertar aún siento el fantasma de ti, el calor en mis mejillas lo delata. En mis sueños es el único momento en que puedo volver a tener el sabor de tus labios.
Observo el lado de la cama más cercano a la puerta vacío, era tu lugar favorito. Decías que eras la princesa dispuesta a arriesgar su vida para salvarme, por eso, si alguien se acercaba lo atacarías antes de que llegase a mi.
Acaricio con mis manos las sábanas, las huelo y aún conservan tu perfume, una mezcla de madera con el aire fresco de un bosque por la mañana. Hundí mi cara en tu almohada y al respirar me sentía como si estuviese libre corriendo por ese bosque. Y comprendí que esa era tu verdadera esencia, la libertad.
Eras libre y por eso me sentía insegura a tu lado, porque yo no lo era.
Sé que cuando te fuiste me dijiste que esta sería la última vez que tu lucharías por mi, que estabas cansada de ser la única que entregara todo para no recibir nada a cambio. Pero mi amor, no se trata de recibir algo a cambio, se trata de darlo todo sin esperar nada.
Soy débil sin ti, no tengo la fuerza suficiente para traerte de nuevo a mi vida.
Necesito volver a recorrer la vida de tu mano, abrazada a tu espalda, acariciando tu cabello, dejándote amarme cada noche como si fuese la última. Lo necesito. Te necesito.
Por favor, regresa, ven a rescatar a esta princesa una vez más.
Con desamor, Eva.